Debido a las numerosas observaciones del Cosmos que se han venido realizando desde hace siglos y, con una precisión muy alta, desde el siglo pasado se ha llegado a conocer en gran medida el movimiento planetario, el de muchas estrellas del cielo e incluso el movimiento de las galaxias. La Ley de Gravitación Universal nos lleva a deducir la forma de movimiento de una galaxia, como resultado de la interacción de las innumerables estrellas que alberga.
Todas las galaxias tienen un movimiento de rotación además de su desplazamiento por el espacio. Resulta que como consecuencia de la ley de Gravitación la velocidad lineal de movimiento de las estrellas más alejadas debería decrecer con la distancia desde el centro de una galaxia, es decir, mientras más alejada del centro una estrella tarda mucho más en completar un periodo orbital en torno del centro galáctico.
Sin embargo, se ha visto en muchas galaxias cuya rotación se ha estudiado que las estrellas se mueven más deprisa de lo que deberían moverse de acuerdo a la ley de Gravitación. Como no hay indicios para desconfiar de esta ley la salida lógica es asumir que alguna parte del fenómeno estudiado no se ciñe a nuestras suposiciones o al conocimiento que se cree tener del mismo. Por otra parte, debido a que la rotación depende de la masa de la galaxia estudiada, la salida lógica es suponer que en ella radica la discrepancia.
Juntando estas líneas de razonamiento se propuso el hecho de que nuestro conocimiento sobre la masa de las galaxias no fuese adecuado. Pero no se observa más masa de la que se introduce en los cálculos, ¿donde está? Este hecho llevó a pensar que esta masa, de existir, sería, de alguna forma, invisible… de ahí deriva el concepto de materia oscura.








